Cuánto hemos cambiado

Hace unas semanas, algunas de nosotras acudimos al X Día C en Pamplona. Sacrificamos horas de sueño y buena alimentación (bueno, de la última no quedaba mucho por sacrificar) para poder acudir a muchos de los encuentros que el Club de Creativos proponía. El último de ellos fue una mesa redonda en la que el tema de discusión era cómo había cambiado la publicidad en los últimos años. En concreto, la cuestión se refería a la forma en la que los cambios tecnológicos han afectado en la labor de un publicista.

Total. No voy a contaros a estas alturas cómo las nuevas tecnologías han cambiado nuestro día a día, nuestra forma de pensar y nuestra forma de comunicarnos. Hay cosas en las que nos hemos adaptado mejor que en otras, eso es cierto. Y es que el ser humano es impredecible y, a veces, un tanto idiota. Que me expliquen la moda de las gafas de pasta negras sin cristales o la tendencia a fabricar auriculares del tamaño de una cabeza humana.

Unos así para mi vecino reggaetonero, que se acerca la Navidad (o no, pero no importa) y es tiempo de dar. Claro que sí.

Unos así para mi vecino reggaetonero, que se acerca la Navidad (o no, pero no importa) y es tiempo de dar. Claro que sí.

Sin embargo, sí creo necesaria una pausa para la reflexión en el vertiginoso mundo que es actualmente la publicidad. Dejando a un lado la opinión popular, no vivimos en una alta esfera rodeada de luces de neón y drogas de diseño. Esa esfera que todo lo toca, pero que nada le afecta, no existe. Mi absurda forma de demostrar esta tontería es usando Google como aliado (Google es tu amigo, siempre está contigo).

Publicidad y cosas

Fin de mi alegato. Lo sé, os tengo convencidos. Sí, la tecnología influye en la labor publicitaria. Es más, la tecnología afecta más que las drogas de diseño a los trabajadores publicistas (que sí, que también trabajamos). A todos nos toca adaptarnos a ella. Esto supone adaptarnos cada día para no quedarnos obsoletos.

Por un lado, las nuevas tecnologías, como a todo hijo de vecino, nos ayudan en tareas del día a día. ¿Para qué vas a enviar un SMS (¿os acordáis de esos mensajitos que costaba dinero enviar? ¿Os acordáis de cómo sustituíais palabras por jeroglíficos indescifrables para no enviar dos mensajes y que os cobrasen uno sólo?), si puedes enviar un WhatsApp (usando los mismos jeroglíficos, ojo. Ay, el ser humano es tan impredecible)? Sin embargo, y esto se comentó durante la mesa redonda, si antes corrías para entregar las cosas en el tiempo justo, ahora corres para entregarlas antes. Porque, con las nuevas tecnologías, se puede y punto. En lugar de usar ese tiempo extra que se nos brinda en reflexionar y pensar a dónde vamos, lo invertimos en llegar antes a algún sitio. El ser humano, otra vez siendo impredecible.

No piense, siga.

Autor: Erlich / Fuente: El País

Por otro lado, ahora pareciera que Internet o las redes sociales fuesen la panacea que garantiza el éxito de cualquier campaña de publicidad. La fórmula es simple e incluso lógica:

mi marca está en Facebook

+

hay mucha gente en Facebook

=

alguien me tendrá que ver por cojones

La idea, muy loable, es estar presente allí dónde están los consumidores. Y ya sabemos dónde está todo el mundo: perdiendo las huellas dactilares en la suave pantalla de un smartphone (otro día os hablo de mi historia de amor-odio con los smartphones). Ahora cualquier persona puede acceder a Internet desde cualquier sitio. Para las marcas, esto supone la posibilidad de acceso al consumidor en cualquier momento. Y llega el pánico. Todo el mundo quiere estar en Internet. No importa la justificación, la cuestión es “estar”. Lo que se convertía en algo bonito (conversaciones marca-usuario, relación más personal, etc.), se transforma en una combinación explosiva (porque el usuario explota) de pop-ups insistentes, anuncios con sonido que no sabes en qué puta pestaña se encuentran, banners que bien podrían causar ataques epilépticos, ese anuncio antes de tu vídeo en YouTube, perfiles en Facebook y Twitter que son únicamente contadores, páginas web que no saben de dónde vienen ni a dónde van, etc. Un “estar por estar”. El ser humano: tan impredecible y, a veces, un tanto idiota.

Menos resultados que para la tecnología y más que respecto a las drogas de diseño. Algo es algo.

Menos resultados que para la tecnología y más que respecto a las drogas de diseño. Algo es algo.

Como resumía Ezequiel Triviño en aquella mesa redonda, “la tecnología eclipsa”. Nos estamos olvidando de las personas en un mundo en el que, para colmo, son los usuarios quienes tienen verdadero poder sobre las marcas. Algo adquiere valor en cuanto a que las personas le dan ese valor. Y hay cosas elementales que nunca dejarán de valorarse. “Las buenas ideas perduran en el tiempo”. El qué no ha cambiado, ha cambiado el cómo.

Las cosas deben servir para algo. O, al menos, que hagan gracia. Como esas millones de cuentas sobre gatitos en Tumblr que a mí personalmente me parecen pocas. Hay que pensar en las personas. Por eso, cuando el friki de mi amigo informático (sí, tengo amigos) (todos tenemos un amigo informático) (hola, Fep) (mamá, no me quites los paréntesis del teclado) descubre la forma de sustituir el impersonal lápiz que aparece mientras escribes en Skype por un gatito adorable, y piensa en mí para mostrarme el poderoso secreto conociendo mi amor por los gatos, una se alegra de que aún queden personas que piensan en personas.

Y quizá en la próxima mesa redonda en la que pregunten en qué ha cambiado la publicidad en los últimos años, podamos responder “en esencia, no ha cambiado tanto”.

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“No eres tú, es el capitalismo”

Desde mi sillón del poder, mi gato y yo os saludamos. Hoy os traigo un tema que, si bien puede parecer aburrido, está muy de moda: EL CAPITALISMO Y LA PUBLICIDAD. Ya veo hordas de personas salir corriendo de la sala al grito de “oh, no, pensar no”. Tranquilos, será breve e indoloro.

Sabiendo lo complicado del tema, estrecharé el cerco. No vengo a hablaros de política. Creedme, no es fácil luchar contra esa tendencia vuestra a mezclar conceptos que son como el agua y el aceite. Así que, por mucho que os empeñéis en mezclar la propaganda con la publicidad, no pienso poner banderitas ni convocar ninguna manifestación, corderos.

Lo que sí quiero es dejar clara la diferencia entre ambos conceptos. La razón es que he encontrado una idea generalizada de que el capitalismo es el demonio y la publicidad es su mano derecha. Para colmo, me mezcláis la publicidad con el sentido político del capitalismo y entonces mi gato sufre. La publicidad no es propaganda (sorpresa, lo sé). La propaganda trata de ganar adeptos en favor de una causa o ideología política.  

Esto es propaganda. De la mano de Patty McPancakes.

Esto SÍ es propaganda. De la mano de Patty McPancakes.

¿Cuáles son los objetivos de la publicidad? Son muy variados y entre ellos no existe la voluntad de formar tropas (cabe mencionar la excepción de aquellas señoras que golpean los cristales de las puertas de El Corte Inglés más cercano en época de rebajas, como si de uruk-hai golpeando las murallas del Abismo de Helm se tratasen). Lo que sí sabemos es que la publicidad sólo se desarrolla en un entorno favorable para su existencia. Este entorno es el capitalismo. La historia es que con la industrialización, las empresas empezaron a tener acceso generalizado a la maquinaria moderna y surgió la producción en serie. ¿Consecuencia? Los mercados se llenan de 20 marcas diferentes de zumos y apenas hay diferencia entre unos y otros. Antes, con poner una etiqueta bonita o un envase cuqui ya diferenciabas tu zumo del de la escasa competencia. Con la industrialización, hay mucha más competencia y hay que diferenciarse de otra manera. Que el envase mola y la etiqueta está lograda, pero hace falta algo más. Entonces, surge la publicidad como herramienta de comunicación.

¿La publicidad es mala? Pues, lo cierto, es que existe publicidad no muy acertada que hace mucho daño a la sensibilidad y al buen gusto. Podéis encontrar más de un ejemplo curioso en La Llavadora (site creado por Ricardo Llavador y muy recomendable para echarse unas risas).

"¿Dónde está papi?"

“¿Dónde está papi?”

Sin embargo, la publicidad es una herramienta y, como tal, que sea mejor o peor depende del uso que se haga de ella. El fuego puede servir para iluminar el camino hacia tu destino soñado o para quemarle la casa a ese vecino que pone reggaetón a las 7 de la mañana (o a cualquier hora). ¿Es malo el fuego? ¿Es normal que mi vecino sea imbécil?

Lo bonito de todo esto es mirarse al espejo. Es un ejercicio complicado cuando llevas mucho tiempo con el dedo acusador en alto, pero conviene tomar conciencia de la realidad. Vivimos en una sociedad capitalista y participamos en ella. ¿Es bueno el capitalismo? Tiene sus cosas buenas y sus cosas malas para mejorarse, como todo. Te puede gustar más o menos. A mi vecino le parecerá mal que le queme la casa, pero yo dormiré una noche del tirón.

Las personas formamos las sociedades, formamos las empresas, hacemos anuncios y los vemos. No hay entes malignos que sean buenos o malos por sí mismos, sino que las personas con intereses propios, hacen uso de esas herramientas y las utilizan para conseguir objetivos con los que se puede estar más o menos de acuerdo. Así, lo importante es saber cuándo estamos viendo publicidad (algo que está regulado legalmente), saber valorarla en su contexto y saber qué hacer con ella según nuestra valoración anterior. Y todo será muy respetable porque no estaremos siendo estúpidos.

Emma Goldman dijo: “El elemento más violento en la sociedad es la ignorancia”.

Tópico: “Los publicistas ganan mucho dinero”

Un creativo es como Cristiano Ronaldo o Messi (pero más guapo que éstos, que para eso es creativo, y ser creativo mola, lo cual, según mi lógica, implica ser guapo, no me hagáis explicarlo). Tienen un don que nadie más tiene, nadie más puede jugar al fútbol igual de bien que ellos… al igual que ningún creativo puede tener las mismas ideas que otro, por lo tanto, son irrepetibles, y si son irrepetibles lo normal es que se pague un alto precio por ellos. La diferencia es que los publicistas están en sus cuevitas de colores llamadas Agencias de Publicidad (ese sitio que pintan tan cool en las series sobre publicistas y que espero que en la realidad sean así) y no protagonizan anuncios de Nike, sino que los inventan, no son Cristiano Ronaldo ni Messi y por lo tanto no cobran tanto dinero como la gente cree.

También puedes ser un Florentino Pérez, pero tampoco un Director de Agencia gana tantísimo dinero.

Pero aquí escribe una que lo más cercano que está de una agencia de publicidad es, con suerte, en forma de becaria. Esos pobres animalitos llenos de ilusión que rezan todo lo que saben (no sabemos a qué, pero los estudiantes rezamos mucho) por encontrarse con alguien que les enseñe a aplicar la cantidad ingente de cosas que han memorizado en los años anteriores en aquel edificio (en algunos casos ruinosillo) llamado Facultad de Ciencias de la Comunicación. El becario, ese que con 400€ tiene que pagar una habitación de alquiler si no tiene la suerte de seguir viviendo con papá y mamá, el botellón de los fines de semana, las fotocopias de los apuntes de sus amables compañeros y un paseíto por las rebajas del Zara.

Y qué decir de los horarios y las famosas musas (esas zorras despiadadas). Porque las musas no saben de jornadas laborales: igual aparecen a las 11.30 de la mañana, o de cañas, o en plena noche. Así que igual sales de trabajar y no has visto a las musas en todo el día hasta que llegas a casa y te pones a hacer la cena, y son las 21.53 y las muy perras aparecen. No te queda otra que salir disparado al ordenador o al teléfono para contárselo a tu compañero y salvar el trabajo del día aunque te den las 23.30… o las 3 de la madrugada, pero ya se te ha quemado la cena y te toca llamar al chino o pedir una pizza.

No creo que ni Cristiano Ronaldo ni Messi tengan este problema, por muy placentero que sea rebanarte los sesos a las 4 de la mañana para conseguir que los niños de 5 años y sus abuelos de 83 coman galletas para desayunar, y el cliente quiere que Fernando Alonso haga el desayuno en el anuncio, y que el logo sea verde, pero no tan verde, un verde más azul, y las LETRAS GRANDES, con música pegadiza y moderna, y una voz en off que explique lo buenas que son sus galletas, pero que no suene pesado, y que no sea caro… pero no te olvides de Fernando Alonso. Entre otras cosas…

Si a estas alturas no ha quedado claro (que es posible): no ¡NO! no, no se cobra tanto. Es más, si yo tuviera alguna clase de poder (algún día muajajajaja) le daría a todo la vuelta y… en fin.

Que si quisiera ganar tanto dinero me haría banquera, o futbolista, o una nueva versión de Hannah Montana con pelo rosa y grandes dosis de autotune. Pero estoy segura al 98.87% de que me gusta la Publicidad y, por lo tanto, me compensa.

Tópico: “La publicidad crea estereotipos”

Qué cansada estoy de escuchar a todo el mundo diciendo siempre las mismas chorradas sobre la publicidad: “que si la publicidad intenta continuamente vendernos algo”, “que si los publicistas ganan mucho dinero”, “que si es poco ética”…Chorradas, chorradas y más chorradas. Pero lo que más me repatea es cuando dicen que la publicidad crea estereotipos, ¿Qué me están contado?

En esta sociedad existe una gran confusión, porque para los que no lo sepáis, la publicidad más que crear estereotipos lo que hace es utilizar los ya existentes, ya que así facilitan la comunicación. ¿Es que no os dais cuenta?

Obviamente los mensajes publicitarios refuerzan e implementan unos determinados roles sociales ya existentes en la realidad que nos rodea. Debido a esto, estos roles o modelos se van implantando en el subconsciente colectivo y acaban generalizándose. Y si a esto sumamos que esta actual “sociedad de la información” en la que vivimos transmite los mismos mensajes de forma global, hace que estos estereotipos acaben siendo universales.

En la mayoría de los casos la publicidad transmite “valores sociales” como el éxito, la competencia, lo útil, el consumo, la apariencia… y un mal uso de éstos puede causar malos comportamientos sociales como, entre otros: la envidia, la competitividad por ser el mejor y tenerlo todo, el consumismo, la obsesión por la imagen, etc.

En ocasiones, el uso de unos determinados estereotipos puede perjudicar en la imagen de un colectivo social. Un ejemplo es alguno de los usos de la mujer en la publicidad. La publicidad nos ha trasmitido a la mujer de muchas formas, las más destacadas son:

  •  La mujer tradicional, ama casa:
  • La mujer como objeto sexual y deseado:

    Campaña Eva Mendes para Calvin Klein

     

  • La mujer moderna trabajadora y ama de casa:
  • La sumisa:

Campaña Dolce & Gabanna

  • La abuela:

Espero que leer esto os haya servido para que dejéis de decir que la publicidad crea estereotipos, ya que si la publicidad creara estereotipos para anunciar cierto producto se correría el riesgo de no ser eficaz y no cumplir los objetivos.

Tópico: “La publicidad crea necesidades”

Hasta aquí hemos llegado. La publicidad NO crea necesidades. Pareciera que la publicidad fuese un ente todopoderoso muy malo que quiere jugar con vuestras inocentes mentes. Voy a tratar de explicar lo evidente. Primero veamos la película de miedo que tiene lugar dentro de esa inquieta cabecita vuestra:

Ahora, aclaremos cosas para poder fustigar culpables después:

  • Las necesidades. No creo que haga falta que os diga qué es una necesidad. Hablo de la pirámide de Maslow (un señor con mucho tiempo libre que hizo una pirámide ordenando las necesidades por niveles).

Lo importante es que sepáis que, hoy en día, Maslow no tendría trabajo porque su pirámide está relativamente desfasada. Él decía que una persona no satisface una necesidad sin haber cubierto las del nivel inferior. Pongamos un ejemplo sencillito: el Johnny no le entra a la Jessy si le da un apretón. El apretón es una necesidad más básica que la de meterle morro a la Jessy. Sin embargo, nuestra querida sociedad de consumo ha cambiado el orden de prioridades y ahora Johnny es un calzonazos que prefiere hacérselo encima antes que separar piercings con la Jessy.

  • No se consume lo que se necesita, sino lo que se puede. Esto trata del clásico: “me compro el coche más caro, no porque vaya a cubrir mejor mi necesidad de transportarme de un lugar a otro, sino porque puedo.” Ahora se consume según la moda del momento, por presumir, por identificación social, etc. Yo me quiero comprar un ordenador. Me ofrecen uno con Windows, pero yo no voy a dar el dinero ganado con el sudor de mi frente proletaria a una compañía liderada por un capitalista piojoso (también conocido como Bill Gates). Yo soy alternativo y juvenil: quiero un Mac. ¿Por qué? Ambos cubren la misma necesidad. ¿Por qué Apple? Porque Apple es la marca de personas alternativas y juveniles, personas como yo. Claro que sí. Aunque yo tenga 65 años y viva en un pueblo perdido de Extremadura (un saludo a los extremeños). Vivimos en una sociedad en la que la mayoría de personas tienen sus necesidades básicas cubiertas y empiezan a valorar otras cosas. Surge la sociedad de consumo, algo que gusta criticar mucho desde el iPhone.

Relacionar Blancanieves con Apple: definición de humor fino.

  • Moda, marketing y publicidad no son lo mismo. La relación entre estos conceptos es sencilla. Una de las misiones principales del marketing es la de observar. Se dedica a observar a las personas buscando modas latentes que aún no lo han petado en Pachá. La publicidad es una herramienta del marketing para hablarle a la gente y, sobre todo, hacerlo de forma original y especial para que las personas prefieran una marca y no otra. Otro ejemplo fácil: si yo (marketing) veo que se están poniendo de moda los pantalones de cartón, voy a producir como loca pantalones de cartón y luego se lo contaré al mundo (publicidad). Y lo haré de una forma persuasiva y bonita, para diferenciarme del resto de empresas que van a fabricar pantalones de cartón.
  • La publicidad no crea modas, las personas sí. Luis Bassat (un señor que escribió la Biblia de la publicidad) explica muy bien esto en una entrevista para Jot Down. “Creo que la sociedad siempre va por delante y la publicidad va a remolque. Yo usaba una analogía para explicarlo: la publicidad es como un surfista en medio del océano y ve las olas de la sociedad que van acercándose; dice esta no, esta tampoco, hasta que decide que una es la buena y se pone de pie y cabalga sobre la ola hasta que llega a cincuenta metros de la playa, se da impulso y llega a la playa un poco antes que esa ola de la sociedad, de la moda. Luego mucha gente acaba pensando que primero llega la publicidad y detrás, va la moda. Pero la realidad es que es la sociedad —y la moda, que van muy juntas— la que corre y nosotros, los publicistas, identificamos qué es lo que llegará con más fuerza a la playa, lo que se va a imponer. A veces parece que nos adelantemos, pero no, nosotros copiamos a la sociedad. Nosotros no impusimos la minifalda, la impuso Mary Quant.” Sin palabras.

Parece ser que el enunciado “la publicidad te hace comprar cosas que no necesitas” es el nuevo “mi perro se ha comido los deberes”. La publicidad influye en la sociedad, pero siempre va detrás de ella. Ay, pero ¿para qué voy a responsabilizarme de mis propias decisiones pudiendo echarle la culpa a un ente todopoderoso que controla mi mente con mensajes evocadores? Deporte nacional, señores.

Tópico: “Publicidad subliminal”

Madre mía, ¡lo que he descubierto! No se si contároslo por aquí porque no se si se trata de un red segura. Puede que esto lo estén leyendo personas del gobierno que controlan nuestros pasos, nuestras mentes, nuestros ordenadores y nuestros móviles. O peor aún, trabajadores de Google, Facebook o Amazon. Miro la seguridad de mi red, el wifi está protegido, el acceso a él está cifrado del modo más seguro posible. Miro a mí alrededor, parece que no hay nadie, pero nunca sabemos. Por el techo y las ventanas no me tengo que preocupar, yo misma las forré con doble capa de papel de aluminio. Finalmente, acabo de pasar el antivirus a mi ordenador, está todo en orden. Pasadas todas las medidas de seguridad, os puedo contar a lo que venía.

Todo el mundo piensa que la publicidad subliminal existe, y no sólo que existe, sino que se trata de una publicidad muy efectiva. Yo, por mi parte, me siento libre de este engaño. Y no justamente porque la publicidad subliminal este penada por la ley. Artículo 3 de la ley general de publicidad, de la publicidad ilícita. Y, es que aunque queramos fiarnos de la ley, estos anunciantes tienen suficiente dinero como para poder hacer lo que quieran y pagar cuantiosas denuncias que un tribunal les imponga.

Mi certeza de que este tipo de publicidad no existe viene del estudio riguroso que he llevado a cabo y, el cual, os puedo resumir en pocas palabras. La publicidad subliminal es aquella que utiliza estímulos por debajo del umbral de la consciencia, e incorpora palabras, imágenes, sonidos, videos… que no son percibidos de forma consciente por nosotros pero que pueden influenciarnos en nuestra actitud o comportamiento.

Y, dime tú, ¿qué publicidad es la que no vemos, la que no percibimos? Pues ninguna. Una cosa es que no vayamos prestando atención a todos los mensajes publicitarios que nos llegan que pueden llegar a ser cientos en un mismo día. Y que esos mensajes puedan dejar mella en nuestro cerebro e influyan en un posterior comportamiento, pues sí, puede ser. Pero ¿no los hemos percibido? Eso sí que no. Si veo un cartel con una hamburguesa (no le presto atención) y esa misma tarde voy a comer a un restaurante de comida rápida ¿significa que esa publicidad subliminal ha surtido efecto? NO. Yo he visto el  cartel, he podido contemplarlo e incluso sacarle fotos si quiero.

Pero, ¿qué piensan los publicistas de esto? Obviamente, ellos insisten en que este tipo de publicidad ni existe ni se usa. En contra suya tenemos que nadie se fía de las palabras de un publicista. Aunque, hagamos una reflexión todos juntos:

¿Esto es publicidad subliminal? ¿Se supone que nos debemos sentir más atraídos por esta marca si vemos eso? ¿De verdad ayuda a vender más ese supuesto logo cargado de mensajes subliminales? ¿Nos vamos a tirar y a pelear por esta marca debido a que ese sea su logo?

Así, está llena la red de supuestas imágenes subliminales. Pero, si esto fuera verdad: ¿por qué seguirían cerrando negocios? ¿Por qué algunas marcas no consiguen triunfar? Y, sobre todo, ¿por qué siguen echando a creativos, etc. de las agencias de publicidad?

Para finalizar, aquí os dejo este video, que mediante el humor, nos hace ver esta realidad.

Tópico: “La publicidad siempre quiere venderte algo”

Estaba yo el otro día buscando un supermercado, porque Black Rebel me mandó a freír espárragos pero yo no tenía, así que salí a comprarlos. El caso es que me perdí, y como no encontraba el supermercado fui a preguntar a dos hombres. Me acerqué y les dije “perdonen, un minuto”, entonces uno de ellos cogió al otro y le dijo “vámonos que ya nos quieren vender algo”. Mi intención sólo era preguntarles, jo, no entendía bien porque salieron casi corriendo.

Entonces pensé en algo, la gente se pone a la defensiva con respecto a la publicidad, desconfían de ella, y es porque piensan que el único propósito de la publicidad es que sólo intenta vender. Cuando la ven piensan: “calla, calla, sé perfectamente tus intenciones, sólo muestras interés por mí porque buscas venderme algo”.

En ese momento de revelación tengo que decir que me enfadé con esta gente, bueno, un poco.  No me pareció justo, es cierto que el objetivo final de una empresa es vender, para eso se han creado, pero la publicidad puede usarse para diversos fines, y no todos suponen el hecho de que intenten venderte algo.

Si hablamos de los objetivos de la publicidad, uno de ellos es el de informar. Simplemente muestra al público aspectos de un producto o de una empresa. Te dice lo que es o lo que tiene, para que lo conozcas, para que puedas juzgar y estar informado de las posibilidades que tienes.

Una vez que ya conoces a una empresa o un producto, otro objetivo que se puede dar en la publicidad es el de recordar. Sólo quieren recordarte que siguen ahí, a tu disposición, que pienses en ellos cuando los necesites, porque así les demuestras que han sido buenos en lo que tienen que hacer, y que aún les necesitas.

También hay algunos tipos de publicidades, como la publicidad social, que su objetivo no es vender. El objetivo de esta publicidad está relacionado con la mejora de los individuos y sociedades, suele buscar el cambio de un tipo de conducta o de comportamiento.

  

La publicidad institucional es otro tipo de publicidad que no se utiliza para venderte un producto o servicio, sino que es diseñada para que el público tome conciencia de una empresa, o para mejorar la reputación y la imagen de la empresa.

Este tipo de publicidad nos permite conocer mejor a la empresa, saber qué podemos esperar o qué es lo que nos gusta o no nos gusta de ella, incluso si han sido muy majos también cogerles cariño.

Espero que esto le haya ayudado a alguien para que no se sienta tan amenazado por la idea de que la publicidad sólo te está utilizando para vender. La publicidad hace todo lo que puede para que te guste, para llamar tu atención, ¡dale una oportunidad! Si lo haces te sorprenderá, y verás que la publicidad va más allá de los objetivos de las empresas, habla de nosotros y nosotros hablamos de ella.

La publicidad nos quiere decir muchas cosas, y muy variadas, sólo hay que escucharla.

Tópico: “La publicidad miente”

La publicidad miente

Base de los AdVengers. Aquí Captain Star. Se me ha informado de una nueva injusticia contra la publicidad. Me dispongo a entrar en acción. Recurriré a estrategias de razonamiento que harán de mediación con el enemigo. Mi objetivo es sencillo. Vengar la publicidad.

Ciudadanos, la publicidad se sustenta sobre una base de honradez. Así está predispuesto en la Ley 34/1988, de 11 de noviembre, General de Publicidad: TÍTULO II.
DE LA PUBLICIDAD ILÍCITA Y DE LAS ACCIONES PARA HACERLA CESAR. Además, contamos con los servicios de un grupo de personas que velan por nuestra seguridad, el grupo Autocontrol, que con su Código de Conducta nos protege de aquellos publicistas que caen en la tentación de la mentira. Podemos decir que no hay otra comunicación tan vigilada y legislada como la publicidad.

No obstante, los mismos publicistas son los que defienden la veracidad de la publicidad. A parte de tener su propia ética profesional, una mentira por su parte podría acabar con toda la reputación de la agencia e incluso la marca. En el momento en el que se descubriera el engaño, sería una batalla perdida. Si un cliente descubre la falta de sinceridad, el anunciante sería el primero en pagar las consecuencias.

En este mundo de competición entre marcas, debemos recordar que la principal función de la publicidad es informar de las características favorables del producto o servicio. La publicidad, al contar con un lenguaje persuasivo, intentará magnificar estas características, pero nunca engañarnos.

En este spot de flex, se recalca la calidad de los colchones de esta marca, que te garantizan un magnífico descanso.

Como último argumento, me gustaría acudir a la frase que José Carlos León bien señala en su libro, La publicidad me gusta: “La publicidad tiene poder, pero el verdadero poder lo tiene el consumidor”.

Así pues, amigos, espero que recapacitéis y tendáis de nuevo la mano a la publicidad, ya que, algunos como yo, aseguramos que la publicidad, en cualquiera de sus múltiples formas, formatos y soportes es, antes que nada, información.

Finaliza el comunicado,

Captain Star.