Comunicado de verano

Las Advengers os saludan y se disculpan.

Sabemos que hemos dejado este espacio abandonado. Los exámenes fueron excusa, pero no lo que vino después. No hay explicación más allá de que somos un grupo de estudiantes emocionadas con la llegada del calor (unas más que otras). El verano pasa factura a nuestra agenda y hemos acordado entre todas las integrantes darnos un permiso vacacional. Lamentamos muy mucho no haber lanzado este mensaje antes.

Nos sometemos ante el respetable y esperamos solventar nuestra afrenta cuando volvamos de las vacaciones con renovadas fuerzas.

Os agradecemos muchísimo vuestra infinita paciencia y apoyo.

By Thorta & Irony Woman

By Thorta & Irony Woman

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Cuánto hemos cambiado

Hace unas semanas, algunas de nosotras acudimos al X Día C en Pamplona. Sacrificamos horas de sueño y buena alimentación (bueno, de la última no quedaba mucho por sacrificar) para poder acudir a muchos de los encuentros que el Club de Creativos proponía. El último de ellos fue una mesa redonda en la que el tema de discusión era cómo había cambiado la publicidad en los últimos años. En concreto, la cuestión se refería a la forma en la que los cambios tecnológicos han afectado en la labor de un publicista.

Total. No voy a contaros a estas alturas cómo las nuevas tecnologías han cambiado nuestro día a día, nuestra forma de pensar y nuestra forma de comunicarnos. Hay cosas en las que nos hemos adaptado mejor que en otras, eso es cierto. Y es que el ser humano es impredecible y, a veces, un tanto idiota. Que me expliquen la moda de las gafas de pasta negras sin cristales o la tendencia a fabricar auriculares del tamaño de una cabeza humana.

Unos así para mi vecino reggaetonero, que se acerca la Navidad (o no, pero no importa) y es tiempo de dar. Claro que sí.

Unos así para mi vecino reggaetonero, que se acerca la Navidad (o no, pero no importa) y es tiempo de dar. Claro que sí.

Sin embargo, sí creo necesaria una pausa para la reflexión en el vertiginoso mundo que es actualmente la publicidad. Dejando a un lado la opinión popular, no vivimos en una alta esfera rodeada de luces de neón y drogas de diseño. Esa esfera que todo lo toca, pero que nada le afecta, no existe. Mi absurda forma de demostrar esta tontería es usando Google como aliado (Google es tu amigo, siempre está contigo).

Publicidad y cosas

Fin de mi alegato. Lo sé, os tengo convencidos. Sí, la tecnología influye en la labor publicitaria. Es más, la tecnología afecta más que las drogas de diseño a los trabajadores publicistas (que sí, que también trabajamos). A todos nos toca adaptarnos a ella. Esto supone adaptarnos cada día para no quedarnos obsoletos.

Por un lado, las nuevas tecnologías, como a todo hijo de vecino, nos ayudan en tareas del día a día. ¿Para qué vas a enviar un SMS (¿os acordáis de esos mensajitos que costaba dinero enviar? ¿Os acordáis de cómo sustituíais palabras por jeroglíficos indescifrables para no enviar dos mensajes y que os cobrasen uno sólo?), si puedes enviar un WhatsApp (usando los mismos jeroglíficos, ojo. Ay, el ser humano es tan impredecible)? Sin embargo, y esto se comentó durante la mesa redonda, si antes corrías para entregar las cosas en el tiempo justo, ahora corres para entregarlas antes. Porque, con las nuevas tecnologías, se puede y punto. En lugar de usar ese tiempo extra que se nos brinda en reflexionar y pensar a dónde vamos, lo invertimos en llegar antes a algún sitio. El ser humano, otra vez siendo impredecible.

No piense, siga.

Autor: Erlich / Fuente: El País

Por otro lado, ahora pareciera que Internet o las redes sociales fuesen la panacea que garantiza el éxito de cualquier campaña de publicidad. La fórmula es simple e incluso lógica:

mi marca está en Facebook

+

hay mucha gente en Facebook

=

alguien me tendrá que ver por cojones

La idea, muy loable, es estar presente allí dónde están los consumidores. Y ya sabemos dónde está todo el mundo: perdiendo las huellas dactilares en la suave pantalla de un smartphone (otro día os hablo de mi historia de amor-odio con los smartphones). Ahora cualquier persona puede acceder a Internet desde cualquier sitio. Para las marcas, esto supone la posibilidad de acceso al consumidor en cualquier momento. Y llega el pánico. Todo el mundo quiere estar en Internet. No importa la justificación, la cuestión es “estar”. Lo que se convertía en algo bonito (conversaciones marca-usuario, relación más personal, etc.), se transforma en una combinación explosiva (porque el usuario explota) de pop-ups insistentes, anuncios con sonido que no sabes en qué puta pestaña se encuentran, banners que bien podrían causar ataques epilépticos, ese anuncio antes de tu vídeo en YouTube, perfiles en Facebook y Twitter que son únicamente contadores, páginas web que no saben de dónde vienen ni a dónde van, etc. Un “estar por estar”. El ser humano: tan impredecible y, a veces, un tanto idiota.

Menos resultados que para la tecnología y más que respecto a las drogas de diseño. Algo es algo.

Menos resultados que para la tecnología y más que respecto a las drogas de diseño. Algo es algo.

Como resumía Ezequiel Triviño en aquella mesa redonda, “la tecnología eclipsa”. Nos estamos olvidando de las personas en un mundo en el que, para colmo, son los usuarios quienes tienen verdadero poder sobre las marcas. Algo adquiere valor en cuanto a que las personas le dan ese valor. Y hay cosas elementales que nunca dejarán de valorarse. “Las buenas ideas perduran en el tiempo”. El qué no ha cambiado, ha cambiado el cómo.

Las cosas deben servir para algo. O, al menos, que hagan gracia. Como esas millones de cuentas sobre gatitos en Tumblr que a mí personalmente me parecen pocas. Hay que pensar en las personas. Por eso, cuando el friki de mi amigo informático (sí, tengo amigos) (todos tenemos un amigo informático) (hola, Fep) (mamá, no me quites los paréntesis del teclado) descubre la forma de sustituir el impersonal lápiz que aparece mientras escribes en Skype por un gatito adorable, y piensa en mí para mostrarme el poderoso secreto conociendo mi amor por los gatos, una se alegra de que aún queden personas que piensan en personas.

Y quizá en la próxima mesa redonda en la que pregunten en qué ha cambiado la publicidad en los últimos años, podamos responder “en esencia, no ha cambiado tanto”.

“No eres tú, es el capitalismo”

Desde mi sillón del poder, mi gato y yo os saludamos. Hoy os traigo un tema que, si bien puede parecer aburrido, está muy de moda: EL CAPITALISMO Y LA PUBLICIDAD. Ya veo hordas de personas salir corriendo de la sala al grito de “oh, no, pensar no”. Tranquilos, será breve e indoloro.

Sabiendo lo complicado del tema, estrecharé el cerco. No vengo a hablaros de política. Creedme, no es fácil luchar contra esa tendencia vuestra a mezclar conceptos que son como el agua y el aceite. Así que, por mucho que os empeñéis en mezclar la propaganda con la publicidad, no pienso poner banderitas ni convocar ninguna manifestación, corderos.

Lo que sí quiero es dejar clara la diferencia entre ambos conceptos. La razón es que he encontrado una idea generalizada de que el capitalismo es el demonio y la publicidad es su mano derecha. Para colmo, me mezcláis la publicidad con el sentido político del capitalismo y entonces mi gato sufre. La publicidad no es propaganda (sorpresa, lo sé). La propaganda trata de ganar adeptos en favor de una causa o ideología política.  

Esto es propaganda. De la mano de Patty McPancakes.

Esto SÍ es propaganda. De la mano de Patty McPancakes.

¿Cuáles son los objetivos de la publicidad? Son muy variados y entre ellos no existe la voluntad de formar tropas (cabe mencionar la excepción de aquellas señoras que golpean los cristales de las puertas de El Corte Inglés más cercano en época de rebajas, como si de uruk-hai golpeando las murallas del Abismo de Helm se tratasen). Lo que sí sabemos es que la publicidad sólo se desarrolla en un entorno favorable para su existencia. Este entorno es el capitalismo. La historia es que con la industrialización, las empresas empezaron a tener acceso generalizado a la maquinaria moderna y surgió la producción en serie. ¿Consecuencia? Los mercados se llenan de 20 marcas diferentes de zumos y apenas hay diferencia entre unos y otros. Antes, con poner una etiqueta bonita o un envase cuqui ya diferenciabas tu zumo del de la escasa competencia. Con la industrialización, hay mucha más competencia y hay que diferenciarse de otra manera. Que el envase mola y la etiqueta está lograda, pero hace falta algo más. Entonces, surge la publicidad como herramienta de comunicación.

¿La publicidad es mala? Pues, lo cierto, es que existe publicidad no muy acertada que hace mucho daño a la sensibilidad y al buen gusto. Podéis encontrar más de un ejemplo curioso en La Llavadora (site creado por Ricardo Llavador y muy recomendable para echarse unas risas).

"¿Dónde está papi?"

“¿Dónde está papi?”

Sin embargo, la publicidad es una herramienta y, como tal, que sea mejor o peor depende del uso que se haga de ella. El fuego puede servir para iluminar el camino hacia tu destino soñado o para quemarle la casa a ese vecino que pone reggaetón a las 7 de la mañana (o a cualquier hora). ¿Es malo el fuego? ¿Es normal que mi vecino sea imbécil?

Lo bonito de todo esto es mirarse al espejo. Es un ejercicio complicado cuando llevas mucho tiempo con el dedo acusador en alto, pero conviene tomar conciencia de la realidad. Vivimos en una sociedad capitalista y participamos en ella. ¿Es bueno el capitalismo? Tiene sus cosas buenas y sus cosas malas para mejorarse, como todo. Te puede gustar más o menos. A mi vecino le parecerá mal que le queme la casa, pero yo dormiré una noche del tirón.

Las personas formamos las sociedades, formamos las empresas, hacemos anuncios y los vemos. No hay entes malignos que sean buenos o malos por sí mismos, sino que las personas con intereses propios, hacen uso de esas herramientas y las utilizan para conseguir objetivos con los que se puede estar más o menos de acuerdo. Así, lo importante es saber cuándo estamos viendo publicidad (algo que está regulado legalmente), saber valorarla en su contexto y saber qué hacer con ella según nuestra valoración anterior. Y todo será muy respetable porque no estaremos siendo estúpidos.

Emma Goldman dijo: “El elemento más violento en la sociedad es la ignorancia”.

Tópico: “La publicidad crea necesidades”

Hasta aquí hemos llegado. La publicidad NO crea necesidades. Pareciera que la publicidad fuese un ente todopoderoso muy malo que quiere jugar con vuestras inocentes mentes. Voy a tratar de explicar lo evidente. Primero veamos la película de miedo que tiene lugar dentro de esa inquieta cabecita vuestra:

Ahora, aclaremos cosas para poder fustigar culpables después:

  • Las necesidades. No creo que haga falta que os diga qué es una necesidad. Hablo de la pirámide de Maslow (un señor con mucho tiempo libre que hizo una pirámide ordenando las necesidades por niveles).

Lo importante es que sepáis que, hoy en día, Maslow no tendría trabajo porque su pirámide está relativamente desfasada. Él decía que una persona no satisface una necesidad sin haber cubierto las del nivel inferior. Pongamos un ejemplo sencillito: el Johnny no le entra a la Jessy si le da un apretón. El apretón es una necesidad más básica que la de meterle morro a la Jessy. Sin embargo, nuestra querida sociedad de consumo ha cambiado el orden de prioridades y ahora Johnny es un calzonazos que prefiere hacérselo encima antes que separar piercings con la Jessy.

  • No se consume lo que se necesita, sino lo que se puede. Esto trata del clásico: “me compro el coche más caro, no porque vaya a cubrir mejor mi necesidad de transportarme de un lugar a otro, sino porque puedo.” Ahora se consume según la moda del momento, por presumir, por identificación social, etc. Yo me quiero comprar un ordenador. Me ofrecen uno con Windows, pero yo no voy a dar el dinero ganado con el sudor de mi frente proletaria a una compañía liderada por un capitalista piojoso (también conocido como Bill Gates). Yo soy alternativo y juvenil: quiero un Mac. ¿Por qué? Ambos cubren la misma necesidad. ¿Por qué Apple? Porque Apple es la marca de personas alternativas y juveniles, personas como yo. Claro que sí. Aunque yo tenga 65 años y viva en un pueblo perdido de Extremadura (un saludo a los extremeños). Vivimos en una sociedad en la que la mayoría de personas tienen sus necesidades básicas cubiertas y empiezan a valorar otras cosas. Surge la sociedad de consumo, algo que gusta criticar mucho desde el iPhone.

Relacionar Blancanieves con Apple: definición de humor fino.

  • Moda, marketing y publicidad no son lo mismo. La relación entre estos conceptos es sencilla. Una de las misiones principales del marketing es la de observar. Se dedica a observar a las personas buscando modas latentes que aún no lo han petado en Pachá. La publicidad es una herramienta del marketing para hablarle a la gente y, sobre todo, hacerlo de forma original y especial para que las personas prefieran una marca y no otra. Otro ejemplo fácil: si yo (marketing) veo que se están poniendo de moda los pantalones de cartón, voy a producir como loca pantalones de cartón y luego se lo contaré al mundo (publicidad). Y lo haré de una forma persuasiva y bonita, para diferenciarme del resto de empresas que van a fabricar pantalones de cartón.
  • La publicidad no crea modas, las personas sí. Luis Bassat (un señor que escribió la Biblia de la publicidad) explica muy bien esto en una entrevista para Jot Down. “Creo que la sociedad siempre va por delante y la publicidad va a remolque. Yo usaba una analogía para explicarlo: la publicidad es como un surfista en medio del océano y ve las olas de la sociedad que van acercándose; dice esta no, esta tampoco, hasta que decide que una es la buena y se pone de pie y cabalga sobre la ola hasta que llega a cincuenta metros de la playa, se da impulso y llega a la playa un poco antes que esa ola de la sociedad, de la moda. Luego mucha gente acaba pensando que primero llega la publicidad y detrás, va la moda. Pero la realidad es que es la sociedad —y la moda, que van muy juntas— la que corre y nosotros, los publicistas, identificamos qué es lo que llegará con más fuerza a la playa, lo que se va a imponer. A veces parece que nos adelantemos, pero no, nosotros copiamos a la sociedad. Nosotros no impusimos la minifalda, la impuso Mary Quant.” Sin palabras.

Parece ser que el enunciado “la publicidad te hace comprar cosas que no necesitas” es el nuevo “mi perro se ha comido los deberes”. La publicidad influye en la sociedad, pero siempre va detrás de ella. Ay, pero ¿para qué voy a responsabilizarme de mis propias decisiones pudiendo echarle la culpa a un ente todopoderoso que controla mi mente con mensajes evocadores? Deporte nacional, señores.