Tópico: “La publicidad crea necesidades”

Hasta aquí hemos llegado. La publicidad NO crea necesidades. Pareciera que la publicidad fuese un ente todopoderoso muy malo que quiere jugar con vuestras inocentes mentes. Voy a tratar de explicar lo evidente. Primero veamos la película de miedo que tiene lugar dentro de esa inquieta cabecita vuestra:

Ahora, aclaremos cosas para poder fustigar culpables después:

  • Las necesidades. No creo que haga falta que os diga qué es una necesidad. Hablo de la pirámide de Maslow (un señor con mucho tiempo libre que hizo una pirámide ordenando las necesidades por niveles).

Lo importante es que sepáis que, hoy en día, Maslow no tendría trabajo porque su pirámide está relativamente desfasada. Él decía que una persona no satisface una necesidad sin haber cubierto las del nivel inferior. Pongamos un ejemplo sencillito: el Johnny no le entra a la Jessy si le da un apretón. El apretón es una necesidad más básica que la de meterle morro a la Jessy. Sin embargo, nuestra querida sociedad de consumo ha cambiado el orden de prioridades y ahora Johnny es un calzonazos que prefiere hacérselo encima antes que separar piercings con la Jessy.

  • No se consume lo que se necesita, sino lo que se puede. Esto trata del clásico: “me compro el coche más caro, no porque vaya a cubrir mejor mi necesidad de transportarme de un lugar a otro, sino porque puedo.” Ahora se consume según la moda del momento, por presumir, por identificación social, etc. Yo me quiero comprar un ordenador. Me ofrecen uno con Windows, pero yo no voy a dar el dinero ganado con el sudor de mi frente proletaria a una compañía liderada por un capitalista piojoso (también conocido como Bill Gates). Yo soy alternativo y juvenil: quiero un Mac. ¿Por qué? Ambos cubren la misma necesidad. ¿Por qué Apple? Porque Apple es la marca de personas alternativas y juveniles, personas como yo. Claro que sí. Aunque yo tenga 65 años y viva en un pueblo perdido de Extremadura (un saludo a los extremeños). Vivimos en una sociedad en la que la mayoría de personas tienen sus necesidades básicas cubiertas y empiezan a valorar otras cosas. Surge la sociedad de consumo, algo que gusta criticar mucho desde el iPhone.

Relacionar Blancanieves con Apple: definición de humor fino.

  • Moda, marketing y publicidad no son lo mismo. La relación entre estos conceptos es sencilla. Una de las misiones principales del marketing es la de observar. Se dedica a observar a las personas buscando modas latentes que aún no lo han petado en Pachá. La publicidad es una herramienta del marketing para hablarle a la gente y, sobre todo, hacerlo de forma original y especial para que las personas prefieran una marca y no otra. Otro ejemplo fácil: si yo (marketing) veo que se están poniendo de moda los pantalones de cartón, voy a producir como loca pantalones de cartón y luego se lo contaré al mundo (publicidad). Y lo haré de una forma persuasiva y bonita, para diferenciarme del resto de empresas que van a fabricar pantalones de cartón.
  • La publicidad no crea modas, las personas sí. Luis Bassat (un señor que escribió la Biblia de la publicidad) explica muy bien esto en una entrevista para Jot Down. “Creo que la sociedad siempre va por delante y la publicidad va a remolque. Yo usaba una analogía para explicarlo: la publicidad es como un surfista en medio del océano y ve las olas de la sociedad que van acercándose; dice esta no, esta tampoco, hasta que decide que una es la buena y se pone de pie y cabalga sobre la ola hasta que llega a cincuenta metros de la playa, se da impulso y llega a la playa un poco antes que esa ola de la sociedad, de la moda. Luego mucha gente acaba pensando que primero llega la publicidad y detrás, va la moda. Pero la realidad es que es la sociedad —y la moda, que van muy juntas— la que corre y nosotros, los publicistas, identificamos qué es lo que llegará con más fuerza a la playa, lo que se va a imponer. A veces parece que nos adelantemos, pero no, nosotros copiamos a la sociedad. Nosotros no impusimos la minifalda, la impuso Mary Quant.” Sin palabras.

Parece ser que el enunciado “la publicidad te hace comprar cosas que no necesitas” es el nuevo “mi perro se ha comido los deberes”. La publicidad influye en la sociedad, pero siempre va detrás de ella. Ay, pero ¿para qué voy a responsabilizarme de mis propias decisiones pudiendo echarle la culpa a un ente todopoderoso que controla mi mente con mensajes evocadores? Deporte nacional, señores.

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